Existe un mito extendido de que la efectividad del Ejército chileno durante el siglo XIX provenía exclusivamente de la instrucción técnica y los manuales europeos. Sin embargo, el verdadero núcleo táctico y estratégico de sus fuerzas se forjó en un escenario completamente distinto: los bosques y quebradas de La Araucanía.
Para 1880, la Guerra del Pacífico transcurría en paralelo a la campaña en el sur. Los regimientos de línea y los oficiales chilenos llevaban años enfrentando a un enemigo excepcional: los guerreros mapuches, verdaderos maestros de la movilidad extrema, el camuflaje, la guerra de guerrillas y el ataque por sorpresa. Esa escuela de combate moldeó un ejército versátil, feroz y sumamente adaptativo.
La estrategia de Pedro Lagos: Un malón táctico
El ejemplo más evidente de esta influencia táctica se vivió el 7 de junio de 1880 durante el Asalto y Toma del Morro de Arica. El coronel Pedro Lagos, veterano de la frontera sur, no improvisó; aplicó una serie de maniobras de distracción inspiradas directamente en las tácticas de infiltración de la Araucanía:
- El engaño del campamento: Dejó fogatas encendidas en la posición principal para hacer creer a las fuerzas peruanas que el grueso del ejército permanecía acampado.
- La maniobra de distracción: Inició un despliegue de avanzada y fuego de artillería por la línea de la costa, simulando que el ataque principal vendría por el frente marítimo.
- El movimiento sigiloso: Bajo el amparo de la noche y en absoluto silencio, movilizó a tres batallones —alrededor de 3.000 hombres— rodeando las posiciones defensivas para golpear por la retaguardia.
La combinación de sigilo, engaño y velocidad fue un golpe demoledor al más puro estilo de un malón.
55 minutos que cambiaron la historia
A las 5:30 de la mañana comenzó el asalto y, en tan solo 55 minutos, la bandera chilena flameaba en la cima de una fortaleza que muchos consideraban inexpugnable.
No fue producto del azar ni de la mera fuerza bruta; fue la aplicación metódica y detallista de décadas de experiencia bélica acumulada en el sur de Chile. Una lección de estrategia donde la tradición guerrera ancestral influyó decisivamente en uno de los episodios más icónicos de la historia naval y militar del país.
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